23 Abr NIÑOS MANDONES EN EL HOGAR

Los padres y madres tenemos la responsabilidad de criar a nuestros hijos en un marco de respeto, ayudándoles a crecer con sentido de pertenencia y conexión familiar. Les enseñamos  valores y habilidades para la vida y nos preocupamos por reafirmarles lo únicos, especiales e importantes que son.  Todo esto está muy bien.  Sin embargo, en algunos casos, la balanza entre el afecto y la firmeza se desequilibra  y nos encontramos cediendo y “bailando al son” de los hijos. Cuando esto pasa, corremos el riesgo de estar criando niños mandones.

¿Qué son los “niños mandones”?

Son aquellos que tienden a dirigir gran parte de las actividades  y la dinámica del hogar; tienen un temperamento fuerte y, algunas veces, muestran poco respeto por los mayores. Ellos buscan ser el centro de atención, tienden a ser desafiantes, y se frustran rápidamente cuando las cosas no se dan a su manera ni en el momento que ellos lo solicitan. Exigen gratificación  inmediata de sus deseos y no toman en consideración las necesidades ni los intereses de los demás. Son ellos quienes disponen de los planes y hasta las reglas en casa, y no las personas adultas.

Algunos de los factores que influyen en este comportamiento son biológicos y otros del entorno. El temperamento es un aspecto innato, son características que vienen con el niño al nacer y definen las tendencias que tiene el niño desde bebé para reaccionar ante el mundo.  Los chicos con temperamento difícil pueden tener más dificultad para adaptarse a las reglas  y rutinas que definen los padres de familia o sus cuidadores.Algunos aspectos ambientales que propician que un niño mande más de lo que le toca son la falta de límites y de reconocimiento de los padres o cuidadores como figuras de autoridad.

Esto se da, por ejemplo, cuando los padres reaccionan de manera permisiva y ceden ante las exigencia del hijo , con el fin de evitar que proteste con un“berrinche” . En otros casos, los niños presentan una conducta incorrecta (como  imitar a los adultos, reclamar, dar órdenes usando manerismos y tonos de voz de un adulto) y los padres no la corrigen porque lo toman como algo gracioso. En estos casos, el niño recibe gratificación del entorno y refuerzo de este comportamiento. Al pasar del tiempo, el niño va incorporando una serie de conductas desafiantes, retadoras o irrespetuosas que, si no se trabajan y se detienen desde edades tempranas, seguirán presentes y provocarán dificultades y problemas en las siguientes etapas de desarrollo.

Hay que tomar en cuenta que hoy en día existen diversos modelos de familia, con padres que trabajan, padres separados y niños que quedan al cuidado de sus abuelos, empleadas domésticas u otros. Es importante que la persona que esté al cuido cotidiano del niño refuerce y mantenga la autoridad de manera consistente y alineada con las reglas  determinadas por los padres.

Algunas recomendaciones:

  • Ejerza su autoridad con  cariño y firmeza. Evite gritar y hablarle a sus hijos cuando está enojado(a). Use tono que transmita seguridad y determinación pero no enojo.
  • Use siempre un tono claramente respetuoso con sus hijos, con su pareja y con el personal de la casa. Dar el ejemplo es esencial para inculcar un comportamiento apropiado.
  • Pónganse de acuerdo. Los padres y todas las personas involucradas en el cuido del menor deben tener lineamientos claros y consistentes. No permita que un adulto desautorice a otro.
  • Informe a los niños de manera tranquila, clara y específica cómo esperan que se comporten, independientemente de con quien estén.
  • Eduque al personal del hogar y déles la autoridad necesaria para que puedan seguir estas recomendaciones.
  • Al dar una orden o aplicar una consecuencia, no busque convencer al niño(a). Infórmele y explíquele una sola vez  el  por qué de su decisión, sin pretender que llegue a estar  de acuerdo con usted.
  • No pase por alto el comportamiento mandón. Hable con el niño sobre la forma en que está expresándose. Ej. “Me estás hablando con exigencias. Así no entiendo.”
  • Hágale saber con anticipación que si usa un tono de voz mandón, no le prestará atención. Cuando le hable con exigencia, ignórelo y no conteste a sus peticiones.
  • Refuerce  la conducta positiva y hágale saber lo feliz que se siente cuando le habla con respeto, sin exigencias ni tono mandón. Ej. “Me encanta que me pidás las cosas de manera respetuosa”
  • Eduque con cuentos. Lea o invente historias que les muestren situaciones donde se ilustren comportamientos mandones y pregúnteles que opinan de ello.
  • Utilice juego de roles, dramatización o títeres para que aprendan a diferenciar entre un comportamiento mandón y uno respetuoso y piensen en alternativas adecuadas para solicitar lo que quieren.
  • Busque ayuda profesional si siente que la situación se le ha salido de las manos.

Recuerde, es importante trabajar en el hogar para fomentar patrones de comportamiento respetuosos, responsables y considerados. De lo contrario, el futuro para los niños mandones se vuelve difícil porque tenderán a tener muy baja tolerancia a la frustración y poca habilidad para solucionar conflictos. Como consecuencia, pueden presentar dificultades en sus relaciones sociales y conflictos con la autoridad.

 

Lic. Daphne Calvo López

Psicóloga

Clínica Herrera Amighetti

Avenida Escazú

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